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3 sept 2016

Gotha: una sorpresa en el camino. Ernst der Fromme. (II)

El ínclito personaje de aspecto apacible que tenemos frente a nosotros es Ernesto I, apodado «el piadoso», y el propio Oliver Cromwell, con el que le atribuíamos cierta familiaridad, dijo de él que se contaba como uno de los príncipes más sabios de su tiempo. Posiblemente no le faltaba razón al Lord Protector pues la memoria conservada de este gobernante, como bien hemos podido comprobar, está valorada en alta estima.
Ernesto I, ejerció su gobierno entre 1640 y 1675, fundando en primera instancia el  Ducado de Sajonia-Gotha, para, más tarde, aumentar sus dominios con el  Ducado de Sajonia-Coburgo, y finalmente, poco antes de morir, el  Ducado de Sajonia-Gotha-Altenburgo. Provenía de la Casa de Wettin, una saga dinástica de gobernantes sajones que, en su línea de los Ernestinos, se extendió por gran parte de Europa. Valga decir, a modo de curiosidad, que la actual monarca del Reino Unido y el rey Felipe de Bélgica, pertenecen a tan fecunda dinastía, una cuestión de la que las autoridades locales de esta reposada población de la Turingia están orgullosas.

Monumento a Ernesto I. Al fondo, el palacio de Friedenstein. Gotha
Monumento a Ernesto I. Al fondo, el palacio de Friedenstein.

El monumento data de 1904 y es obra del escultor berlinés Caspar Finkenberger. Como elemento relevante aparece una enorme Biblia que el piadoso príncipe sostiene en sus manos. La alusión es clara al patrocinio de Ernesto I a la publicación y difusión de la Biblia luterana. Se trata de la llamada Biblia Ernestina o Biblia de Weimar, cuya primera edición data de 1640 y fue impresa en Núremberg. Dos aspectos engrandecen esta labor: de una parte todo el trabajo pedagógico que acompañó a la publicación, con el añadido de comentarios, mapas, tablas y grabados, labor que se encargó a más de treinta teólogos relevantes de la época; por otra parte, la intencionalidad hacia su plena difusión, haciendo asequible su compra, o en su defecto, su donación.
En perspectiva, esta salvaguarda del legado luterano por parte del príncipe Ernesto supuso una verdadera rehabilitación bíblica, a tenor del debacle producido por la Guerra de los Treinta Años, convirtiendo la posesión de las Escrituras en algo completamente excepcional.  
Y no, no se asusten mis sufridos lectores si creen que toca ahora turno de parrafada en torno a la citada Guerra, asunto sobre el que intento mantener la autodisciplina y no caer en la tentación; pero si me permitiré la licencia de hacer mención a un excelente film ambientado en la época, y del que guardo un grato recuerdo por motivo de su adaptación a una representación teatral en la que algunos amigos dimos escapatoria a juveniles inquietudes intelectuales.
Se trata de El último valle, de James Clavell, basado en la novela homónima de J.B. Pick. De entre sus sesudos diálogos, destaco el mantenido entre El Capitán y el maestro Vogel (acertadísimos en sus papeles Michael Caine y Omar Sharif) acerca del propósito de la contienda:
—Matamos hombres, mujeres y niños —pronuncia El Capitán—. Veinte, treinta mil, y después lo arrasamos todo.
—¿Por qué? —pregunta Vogel.
—Venganza, si…fue en venganza por una de nuestras ciudades que, a su vez, fue arrasada en venganza por una de sus ciudades. Esta guerra es una cadena de venganzas. Probablemente la primera fue destruida para proporcionarle a algún príncipe gordinflón una mejor vista del Rhin. Lo de Magdeburg fue así de sencillo.

Puesto que mi fiel acompañante es pedagoga acertamos a resaltar una faceta más, fuera del ámbito estrictamente religioso, del sagaz gobernante Ernesto. Entre sus pre-ilustradas ordenanzas se encontraba la escolarización obligatoria de todos los niños y niñas de entre cinco y doce años. Una medida, no hay duda, adelantada a su tiempo y por la que se decía que sus campesinos estaban mejor instruidos que los nobles de otras ciudades. Andreas Reyher, rector del Gymnasium de Gotha y consejero del príncipe Ernesto hasta su muerte, fue el impulsor de tal proyecto (Gothar Schulmethodus), un modelo que, iniciado con anterioridad por Wolfgang Ratke y el famoso Comenius, fue posteriormente seguido en muchos otros Estados alemanes.

Palacio de Friedenstein. Detalle de la torre Este. Gotha
Palacio de Friedenstein. Detalle de la torre Este.
Dejamos al príncipe Ernst der Fromme, impávido en su pedestal, para continuar nuestra marcha hacia esa descomunal mole blanca coronada de pizarra que tanto nos había llamado la atención. El Palacio Friedenstein (Schloss Friedenstein), cuya construcción se inició en 1643, impone en su exterior por su grandeza y austeridad, una percepción de la que el visitante se va despojando poco a poco a medida que descubre las salas y colecciones que se albergan en su interior, con especial mención al teatro barroco, datado en 1681, que se conserva en perfecto estado.
Friedenstein significa “piedra de la paz”, un nombre con el que al parecer el piadoso Ernesto quiso exorcizar los fantasmas de la Guerra. Y en cierto modo, algún resquicio de aquella paz nos traspasa al pasear por los ajardinados alrededores hasta llegar a la espaciosa Orangerie.

Herzogliche Museum (Museo Ducal). Gotha
Herzogliches Museum (Museo Ducal)
Hacia el sur, después de traspasar el gran patio central del palacio, divisamos un edificio flanqueado de frondosos jardines que, por su pomposa arquitectura, a duras penas logramos identificar con el recinto visitado. Se trata del Herzogliche Museum (Museo Ducal) mandado construir en la segunda mitad del siglo XIX para dar cobijo a las numerosas colecciones de arte que los diferentes duques de Gotha iban acumulando.
Coincide nuestra visita con una exhaustiva exposición acerca del devenir de la dinastía Ernestina a lo largo de su historia: Die Ernestiner. Eine Dynastie prägt Europa (La Ernestina. Una dinastía que determina Europa). La profusión de fechas, nombres, datos, e información en general, es tan minuciosa que no sorprende en absoluto el gusto de estas buenas gentes por las largas genealogías, así como el predicamento alcanzado por el famoso Almanaque de Gotha, donde desde 1763 hasta finales de la Segunda Guerra Mundial, quedaron consignados al detalle todos y cada uno los miembros de la aristocracia y realeza europeas.

Schlosspark. Gotha
Schlosspark.

Nuestras neuronas, ya exhaustas, requieren con urgencia de un merecido receso. Saliendo del Museo concentramos nuestra atención en un extenso parque que nos invita al descanso. Sentados en un banco a orillas de un estanque nos dejamos mecer absortos por el acompasado ir y venir de los patos sobre las apacibles aguas. A lo lejos, un templete neoclásico de reducidas dimensiones coloca la guinda en el pastel.
Aún embelesados por tan placentero instante dirigimos nuestros pasos hacia la Augustinerkirche para averiguar más cosas acerca de otro ilustre personaje de la ciudad: Friedrich Myconius. Pero esa historia, valga la redundancia, ya es otra historia. 

Barockes Universum Gotha (El universo barroco de Gotha) es una expresión que hemos visto utilizada como lema turístico; de ese universo hemos degustado un poco, muy poco, en realidad; confío en futuros encuentros poder saciar nuestro apetito. Entre tanto, seguiremos cortejando como expertos "buscadores" a nuestra deseada.
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28 ago 2016

Gotha: una sorpresa en el camino (I)

En ocasiones los extras nos sorprenden. Cierto que esta afirmación es una perogrullada, pues aquello que se adapta a lo preconcebido pierde la capacidad de asombro que nos ofrece lo inesperado.
La tarea del buscador de Rincones con historia (en adelante “el buscador”) suele desarrollarse en líneas generales por un proceso en el que se dan cuatro etapas bien diferenciadas.
En primer término se encuentra la fase que denomino «primer amor». Aquí surge la chispa; crece el deseo y, envuelto en los hormigueos del enamoramiento, se anhela con fervor adolescente visitar el lugar en cuestión. Ahora bien, para “el buscador” esa visita requiere una segunda fase llamada «cortejo». 
En el cortejo se despliegan nuestras mejores capacidades para adquirir un mayor conocimiento de nuestro objeto de deseo. Este momento no es baladí, de él depende en buena medida el éxito de nuestra tercera fase: el «encuentro». 
En el encuentro “el buscador” no se limita a realizar una visita de cortesía, una mera formalidad con la que completar su agenda. En el encuentro se plasman vívidamente todas las calenturientas fantasías que hemos ido construyendo en fases anteriores, y en ocasiones, no siempre, la química favorece la aparición del verdadero amor. Cuando esto ocurre, la última fase llega a perdurar largo tiempo a través de la «evocación». 
Muchos evocan sus encuentros visionando y escuchando una y otra vez el material audiovisual obtenido, otros usan de las redes sociales para dar perdurabilidad al evento, y algunos, entre ellos “los buscadores”, tratamos de recrear el acontecimiento escribiendo, ves a saber con qué ínfulas, en un humilde blog.  
El hecho de dar forma en negro sobre blanco a los avatares diversos del "buscador" es especialmente recomendable en mi caso, dado mi permanente olvido, y pereza, por qué no decirlo, a realizar las fotografías o vídeos de rigor. Amén de mi maniática obsesión por no salir en plano. Discúlpenme mis sufridos lectores si no amenizo estas aburridas parrafadas con mayor profusión de documentación gráfica, aunque tampoco, créanme, es mi intención hacer de cada post un reportaje del Hola. Quizá, llevado de una cierta locura quijotesca, las muchas lecturas de diarios de viaje decimonónicos han afectado mi razón más allá de lo convencionalmente recomendable.


Hünersdorfstrasse en Gotha
Hünersdorfstrasse en Gotha

Nos detuvimos en Gotha, a medio camino entre Eisenach y Erfurt, para acallar nuestros quejumbrosos estómagos. Transitábamos por una cómoda carretera comarcal que atravesaba un suave paisaje agrícola; los tractores que ralentizaban nuestra marcha forzaron, en cierta medida, la situación. No había intención alguna de hacer un alto en el camino, pero como anteriormente he expresado: en ocasiones los extras nos sorprenden.

Hünersdorfstrasse en Gotha. Al fondo el Rathaus.
Hünersdorfstrasse en Gotha. Al fondo el Rathaus.
Nada mejor que una buena ración de carbohidratos para reponer fuerzas rápidamente, y para ello, una céntrica pizzería que se encuentra en la Neumarkt nos vino como anillo al dedo. A medida que vamos apaciguando nuestras carnales apetencias al ritmo de las músicas de los incombustibles Laura Pausini y Eros Ramazzotti, nos percatamos de la presencia de dos testigos de excepción que, perfectamente ubicados en el pórtico de la Margarethenkirche, dan fe con mirada inquisidora de nuestra vorágine alimentaria. ¿Los testigos? Ni más ni menos que Lutero, cuya alargada sombra no cesa de seguirnos, y su leal amigo Melanchton.

Tomamos desde Neumarkt la Hünersdorfstrasse, sin rumbo aparente, lo que vulgarmente se entiende como un paseo para “estirar las piernas”. Al poco, desembocamos de forma imperceptible en una amplia y agradable calle justo en su convergencia con el pintoresco Rathaus. Al fondo, al sur de la ciudad, en lo alto de la empinada avenida, advertimos una construcción de grandes dimensiones. Movidos por la curiosidad, enfilamos con presteza nuestros pasos hacia tan imponente edificio. Por el camino, realizando una breve parada en una librería de viejo que exhibe hermosos grabados en su aparador, y que dan fe de la importancia que en sus tiempos tuvo el enclave, nos percatamos que en la fachada de un edificio contiguo se exhibe una placa que nos advierte acerca de la estancia de Lucas Cranach en la ciudad.

Ernesto I, el piadoso
Ernesto I, el piadoso

Ya en lo alto, al tiempo que conjeturamos con la posibilidad que aquella inmensa fachada fuera una universidad, una escultura de algún histórico personaje, al que le encontramos cierta familiaridad a Cromwell o al Cardenal Richelieu, nos da la bienvenida. El encuentro ha sido casual, sin fases previas; a pesar de ello y de nuestra falta de preparación, nos envuelve un cierto cosquilleo previo al enamoramiento.

Las vistas de la ciudad  desde tan privilegiada atalaya nos cautivan de tal forma que, sin mediar palabra alguna, decidimos aventurarnos a desentrañar los ocultos misterios de la plácida Gotha.
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