Páginas

23 oct 2016

Saqqara: digresiones matutinas a cuenta del maestro Imhotep.

Digresiones Me sorprende la mañana escribiendo estas notas. Anda el petirrojo muy madrugador, maniobrando cual saltimbanqui de arbusto en arbusto con ese sostenido gorjeo que le es característico. Suenan  también los arrullos de las tórtolas,  camufladas entre las ramas del esbelto magnolio que adorna el exterior. Se intuyen los resortes que en poco pondrán a funcionar la maquinaria del nuevo día, tal como glosa Joan Manuel Serrat en su estimable Canción infantil: Tú, enciende el sol. Tú, tiñe el mar, y tú, descorre el velo que oscurece el cielo, y tú, ve a blanquear la espuma y la nube, la nieve y la lana, y tú, conmigo a cantar la mañana. Nit y Thor, una bonachona y disciplinada border collie y un robusto pitbull-labrador negro azabache, recogidos hace ya algunos años en una protectora, dormitan todavía en sus casetas. Nit es nuestra exploradora particular, siempre en cabeza de pelotón serpenteando el terreno...
SIGUE LEYENDO

12 oct 2016

Menfis: una ensoñación.

Hazte enseres de cautiverio, moradora hija de Egipto; porque Menfis será desierto, y será asolada hasta no quedar morador. Jeremías 46:19 Temprano. Salimos de El Cairo dirección sur hasta la población de Mit Rahina, a unos veinticinco kilómetros de la capital. Atrás queda el insufrible tráfico cairota. Avanzamos en paralelo al discurrir del Nilo, entre unos canales, por una carretera que atraviesa plantaciones y palmerales sazonados de núcleos urbanos. Final de trayecto. Ponemos pie a tierra y buscamos infructuosamente con la mirada los vestigios de la anciana capital del Reino Antiguo. Una interminable procesión de rústicos tenderetes con souvenirs y un parque, o museo al aire libre, con algunas esculturas dispersas, expuestas a modo de conciliábulo, es todo lo observado. Vence por instantes la frustración. Ensoñación Quisiera ser otro, más sabio, más diestro, más versado; y ser capaz de dar expresión a la explosión...
SIGUE LEYENDO

2 oct 2016

Asuán: rebelión a bordo. El monasterio de San Simeón.

Ramadán era un buen tipo. Más bien bajo y de complexión robusta, hablaba un perfecto castellano, adquirido durante su estancia en Alicante cursando estudios. Me caía bien, y creo que él a mí también me tomó un cierto aprecio. El día que nos despedimos nos dimos un fuerte abrazo; unos ojos vidriosos por la emoción atestiguaban la sinceridad del momento. Tuve a bien en esos instantes obsequiarle con una sustanciosa propina: —Pero esto es demasiado —me dijo. —Todo depende —respondí. —Con esto os podríais haber alojado en el Sheraton. —¡Qué más dará! Lo que tú me has dado no tiene precio. Ramadán fue nuestro guía durante un viaje organizado que mi fiel compañera y yo realizamos a Egipto. Como muchos de los guías del país tenía amplios conocimientos históricos, conocimientos que, no especialmente circunscritos a la historia egipcia, iban mucho más allá de los necesarios para ejercer su trabajo. El bueno de Ramadán estaba preparando...
SIGUE LEYENDO