
En ocasiones los extras
nos sorprenden. Cierto que esta afirmación es una perogrullada, pues aquello
que se adapta a lo preconcebido pierde la capacidad de asombro que nos ofrece
lo inesperado.
La tarea del buscador
de Rincones con historia (en adelante “el buscador”) suele desarrollarse en líneas generales por un proceso en el que se dan cuatro etapas bien diferenciadas.
En primer término
se encuentra la fase que denomino «primer amor». Aquí surge la chispa; crece el
deseo y, envuelto en los hormigueos del enamoramiento, se anhela con fervor
adolescente visitar el lugar en cuestión. Ahora bien, para “el buscador” esa
visita requiere una segunda fase llamada «cortejo».
En el cortejo se despliegan
nuestras mejores capacidades para adquirir un mayor conocimiento de nuestro
objeto de deseo. Este momento no es baladí, de él depende en buena medida el éxito de nuestra tercera fase: el «encuentro».
En el encuentro
“el buscador”...