27 ago. 2016

A sus pies, mi estimado Bach (II)

Dando un rodeo, desde Frauenplan bajamos hasta la calle Frauenberg para tomar una vez más la Karlstrasse en dirección a la Plaza del Mercado. Se hacía necesario, antes de proseguir con nuestra investigación, un pequeño paréntesis comercial que distendiera por instantes la carga histórica a la que habíamos estado sometidos. Para ello, nada mejor que la Karlstrasse con sus múltiples cafeterías y comercios.
Hay algo de hipnótico en las calles comerciales, todas ellas cortadas por el mismo patrón y salpicadas de las mismas franquicias. No importa el lugar, ni siquiera su tamaño; el entorno nos es familiar y crea a nuestro alrededor una zona de confort en la que nos sentimos seguros: ¡Estamos en casa! En cierto modo, uno tiene la sensación que en esta nova religio universal del consumismo, los centros comerciales son una nueva suerte de iglesias y monasterios. Cosas de la globalización, imagino.
En la Marktplatz se encuentran tres de los más importantes edificios de la ciudad. Los tres representan tres instituciones que guardan estrecha relación con la actividad musical de papá Ambrosius Bach; por ende, si nuestra pretensión es conocer el devenir infantil del futuro maestro, se hace obligatorio repasar los lugares donde todo se “cocinaba”.
Con urgencia necesitábamos establecer un protocolo de actuación. A efectos de recabar mayor información nos dirigimos a la Oficina de Turismo que se sitúa en el Stadtschloss (Palacio Ducal). Una solícita y atenta joven que se encuentra reponiendo bibliografía en los estantes de una sala anexa a la oficina, resuelve todas nuestras dudas y nos entrega alguna documentación básica necesaria.
De vuelta a la plaza advertimos uno a uno los objetivos: frente a nosotros la Georgenkirche; a nuestra izquierda, en ángulo con la calle comercial, el Rathaus; y detrás de nuestra posición el Stadtschloss.

Georgenkirche en Eisenach
Georgenkirche en Eisenach

La Georgenkirche se nos antoja una edificación humilde, y de alguna manera y a pesar de su céntrica y despejada ubicación, intuimos que tiene una cierta disposición a no ser molestada. Influye en ello, quizá, el hecho que su fachada principal esté orientada de espaldas al trasiego peatonal de la ciudad. Esta aparente timidez, no obstante, no la excusa de ser una construcción que transpira historia por todos sus poros.
La primera efeméride relacionada con el niño Bach, 23 de marzo de 1685, es la de su bautismo. La iglesia de San Jorge conserva aún la pila bautismal, del 1503, con la que el pequeño de Johann Ambrosius y Maria Elisabetha entró a formar parte de la familia cristiana. Fue Sebastian Nagel, amigo de Johann Ambrosius y flautista municipal de la vecina población de Gotha, quien sostuvo al recién nacido sobre la fuente bautismal. En honor al padrino recibió el niño el nombre de Sebastian.
Pero la Iglesia de San Jorge está también ligada a la memoria de Isabel de Hungría, quien contrajo nupcias en este mismo lugar con el landgrave Luis IV, allá por el 1221. Dicen las crónicas que la joven esposa renunció en la ceremonia a llevar las joyas dignas de su rango: «¿Cómo podría llevar una corona tan preciosa ante un Rey coronado de espinas?». A esta Isabel, y como curiosidad, nuestro Bartolomé Esteban Murillo rindió honores con su Santa Isabel de Hungría curando a los tiñosos, obra que fue concebida para otra Iglesia de San Jorge, en este caso, la que se encuentra en el Hospital de la Hermandad de la Caridad de Sevilla. Y es de suponer, dicho sea de paso, que el mariscal Soult era un fiel “devoto” de la santa, pues tardó poco durante sus correrías andaluzas en confiscar, para gloria personal y del Imperio, tan preciada obra de arte.
También Lutero hizo acto de presencia en el sagrado recinto. No ya solo como joven estudiante y cantor del coro. Dos días antes de su reclusión en Wartburg, anatemizado por Iglesia e Imperio,  exhortó desde el púlpito a las gentes de Eisenach con las buenas nuevas de su fe reformada. Corría el año 1521. Fue su última predicación antes de mutarse en el caballero Jorge. Con este acto la Iglesia de San Jorge tuvo el honor de ver al fraile agustino despojarse, simbólica y definitivamente, de sus hábitos y contemplar un nuevo rumbo para el devenir de la cristiandad: Alea iacta est. 

Rathaus en Eisenach
Rathaus en Eisenach
En otro orden de cosas, papá Ambrosius tenía adquiridas una serie de obligaciones como flautista municipal, o si se quiere, director de la agrupación musical de la ciudad, desde que fue contratado en 1671. Mañana y tarde, dos veces diarias, debía tocarse el Abblassen, una especie de música a modo de retreta o fanfarria, que se realizaba con trompetas o chirimías. Por regla general esta música se ejecutaba desde los balcones o torres del Ayuntamiento (Rathaus), aunque debo confesar que por más que escrutamos la fachada del edificio en cuestión no llegamos a advertir balcón o estrado alguno. Presumo que no son pocas las reconstrucciones y apaños que habrá tenido que soportar la sede consistorial a lo largo de su historia.
Una segunda tanda de obligaciones del hausmann municipal consistía en interpretar, los domingos y fiestas de guardar, la música para los oficios religiosos de la Georgenkirche, amén de todos los ingresos extra que se podían percibir con las contrataciones de particulares para bodas, bautizos y entierros, un asunto que, dado el monopolio que ostentaban los músicos municipales, traía no poca controversia con los músicos independientes.
Los oficios religiosos exigían, a su vez, la participación del Chorus musicus, que se nutria  de los alumnos de la escuela latina, por lo que presumiblemente el niño Sebastian, del mismo modo que en su tiempo lo hizo Lutero, tomó parte en su composición.

Stadtschloss en Eisenach
Stadtschloss en Eisenach
Por último, papá Ambrosius debía atender sus compromisos como miembro de la capilla de la corte ducal, una formación musical que tuvo también entre sus miembros destacados a Pachelbel, en 1677, lo que dio pie a una relación cuasi familiar con la familia Bach, y años más tarde, 1708, a George Philipp Telemann. Valga decir que el actual palacio pertenece al barroco tardío y es de construcción posterior a los tiempos del pequeño Sebastian.
En la extensa familia Bach todo giraba en torno a la música, y a su vez, toda la música giraba en torno a la Marktplatz, epicentro de la vida social de la ciudad.

Permaneció el niño Bach en Eisenach hasta los diez años de edad. Quiso el fatal destino que en menos de un año quedara huérfano de padre y madre. El primogénito de los hermanos, Johann Christoph, que había sido alumno de Pachelbel, era por entonces organista de la Iglesia de San Miguel en Ohrdruf, de modo que el desconsolado Sebastian quedó bajo su tutela y marchó a residir a aquella vecina población.


Por nuestra parte, no sin cierta pesadumbre, sentimos que nuestro tiempo en Eisenach se está agotando. Queda el consuelo de proseguir en futuras ocasiones tras los pasos del admirado Maestro. Circundamos una vez más, a modo de despedida, la Plaza del Mercado en la que se forjó el genio musical del pequeño Sebastian.  Por momentos nos parece escuchar, como surgida de las entrañas terrenales, una melodía profunda y serena que envuelve de melancolía nuestro caminar; no, no se trata de un estado extático alcanzado por la emoción, suena la Suite primera para violonchelo en el teléfono móvil que llevo en el bolsillo. Ahora sí, la marcha es inminente: A sus pies, mi estimado Bach.

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